No todo lo que brilla es oro.

Tus 5 sentidos te sirven para ubicarte en este mundo. La vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oido te ayudan a comprender el entorno que te rodea.

Sin embargo, esos 5 sentidos a menudo nos engañan, vemos cosas que no son y formamos en nuestras cabezas todo un caos, cuando realmente no hay nada.

La percepción de las cosas no siempre es como “queremos” verlas, ya que tenemos la idea de que alguien nos quiere hacer daño, y hacemos todo un drama, cuando realmente, TODO ESTA EN NUESTRA MENTE.

En mis talleres uso con bastante frecuencia la Historia de las Galletas, la he encontrado en las palabras del gran escritor Jorge Bucay, y quiero compartirla contigo.

 

A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está

retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.

 

Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un

paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

 

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista,

un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo,

cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de

sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

 

 

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha

pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la

come mirándolo fijamente.

 

Por toda respuesta, el joven sonríe… y toma otra galletita.

 

La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come

sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.

 

El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho

cada vez más divertido.

 

Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. ” No podrá ser tan

caradura”, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.

 

Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente

por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.

 

- Gracias! – dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.

 

- De nada – contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.

 

El tren llega.

 

Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía

sentado en el banco del andén y piensa: ” Insolente”.

 

Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado,

su paquete de galletitas… ! Intacto!.

 

… ¿cuantas veces haz pasado por una situación similar?, compártelo con nosotros, añade un comentario en este artículo, veamos como somos varios los que hemos vivido una situacion similar.

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